Talking Brains: Cerebros que hablan y una exposición que nos acerca

Como seres humanos, nos empeñamos en buscar diferencias. De contenido y forma. En relación a nuestra orientación sexual, gustos estilísticos o incluso preferencias gastronómicas. Somos fieles amantes de la categorización. Nos apasionan las listas y las variaciones semánticas por muy leves que sean. De hecho, cuanto más concreta e imperceptible es la diferencia, mejor.

Nos pasa un poco como a las marcas. Buscamos un posicionamiento distintivo por encima de cualquier otro atributo, una personalidad de marca relevante y lo usamos como ventaja competitiva. Insistimos en catalogar desigualdades y, a veces, olvidamos lo que nos une. Una causa, un cliente, un proyecto en común. Porque como habla una marca influye en su contenido editorial y su relato de marca.

Lo cierto es que, a pesar de nuestros intentos por evidenciar aquello que nos aleja, compartimos más puntos de convergencia de los que creemos aunque no siempre seamos capaces de verlos. Somos ricos en matices, sí, pero similares de base. Bendita dualidad la nuestra: extremadamente diferentes e irremediablemente cercanos.

Una sola lengua para una sola especie

La relación entre cerebro y lenguaje es más estrecha de lo que imaginamos. Nos lo explica la exposición Talking Brains del CosmoCaixa.

Talking Brains de CosmoCaixa habla de esta similitud intrínseca entre los individuos de nuestra especie. A través del lenguaje, el storytelling y el tono de voz de una marca, la exposición nos invita a ser conscientes de una realidad que muchas veces pasamos por alto. Que lo nuestro es diversidad relativa.

Aunque existen más de 6.000 idiomas distintos en el planeta, todos ellos proceden de un mismo cerebro y capacidad de los seres humanos. Por lo que, desde una perspectiva biológica, todos hablamos una misma lengua: la humana. Esto infuye en realidades como la aparición de las interfaces por voz. A pesar de haberle dado infinitas formas a nuestra habilidad comunicativa, la relación entre cerebro y habla es estrecha e inevitable. Otra vez, las similitudes vuelven a vencer nuestras diferencias.

Somos la única especie capaz de pensar, cuestionarse la existencia o hacer referencia al mañana. Bonitas coincidencias como para no usarlas de bandera.

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